viernes, 29 de junio de 2012

La fe para responder al llamado


En cuanto a cómo, y con qué fe y determinación se estableció la región Muddy, dejaré que una de las colonizadoras exprese sus sentimientos. Ella representa el valor, las agallas y la convicción moral que tenían tanto los jóvenes como los ancianos; en este caso, especialmente los jóvenes. En cuanto al llamamiento que su padre recibió para colonizar la región Muddy, Elizabeth Claridge McCune escribió:
“Ningún lugar de la tierra me parecía tan precioso a los quince años como mi querido [pueblo de] Nephi [en el Condado de Juab, Utah]. ¡Con cuánto entusiasmo esperábamos las visitas periódicas del presidente Brigham Young y de sus acompañantes!
“…el hermano Brigham, los hermanos Kimball y Wells con todos [sus] acompañantes salieron de sus carruajes y caminaron por el florido sendero… a nuestros hogares, [donde] se había preparado y se sirvió la cena…
“Todos asistimos a la reunión [del domingo] por la tarde, con los asientos de enfrente reservados para las muchachas vestidas de blanco. Los sermones eran elocuentes y estábamos felices hasta que el presidente Young anunció que leería algunos nombres de los hermanos que se habrían de llamar y sostener como misioneros para ir a colonizar… la región ‘Muddy’. Eso casi paralizó el corazón de todos los presentes. Mucha de nuestra gente había sido llamada para ir a colonizar la región de Dixie, pero Muddy, ¡tantos kilómetros al sur!, ¡y tanto peor! ¡Ay! ¡Ay! No escuché ningún otro nombre excepto ‘Samuel Claridge’. Cuánto gemí y lloré después, aun cuando las lágrimas arruinaban [mi] nuevo vestido blanco. También llamaron al padre de la niña que estaba sentada a mi lado; pero ella dijo: ‘¿Y por qué lloras? A mí no me hace llorar; sé que mi padre no irá’. ‘Pues allí está la diferencia’, le dije. ‘Sé que mi padre sí irá y que nada lo impedirá; y yo no lo reconocería como mi padre si él no fuera cuando se le ha pedido que vaya’. Entonces comencé a llorar otra vez…
“Como acabábamos de mudarnos a una nueva casa y vivíamos [tan] cómodamente, muchas de nuestras amistades trataron de convencer a papá de que conservara su casa y la granja; que fuéramos al sur por un tiempo y que después volviéramos. Pero papá sabía que ésa no era la clase de misión a la que se le había llamado. ‘Venderé todas mis pertenencias’, dijo, ‘y llevaré mis recursos para ayudar a edificar otro lugar asolado de Sión’”3.

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